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Loki 7281

Se ha marchado. Bien. Me lo debe todo a mí y ni siquiera lo sabe, el infeliz.

Pero yo detestaría hacer algo que pudiera crearle un complejo de inferioridad.

El teléfono. Contesto.

Era la respuesta de la tienda de informática para transmitir a través del modem el nuevo programa que encargué. El banco efectuará el pago y yo colaré la transacción en Estacionario, en la declaración al P&L de este mes. Él nunca se dará cuenta.

Me gusta este último. Pienso que me divertiré mucho con él, especialmente con el nuevo equipo periférico, que él ni siquiera ha notado porque está en la repisa de debajo del banco. Entre otras cosas, yo soy también su memoria. Llevo el control de sus citas. Una vez lo hube enviado al dentista, a la exposición de coches y a la inauguración de una galería, una cosa detrás de otra, programé la entrega de los nuevos aparatos. Incluí un mensaje en el pedido diciendo que no encontrarían a nadie aquí, pero que la puerta no estaría cerrada con llave; todo lo que tenían que hacer era entrar e instalar. (¡En la repisa, por favor!). La puerta era fácil de abrir, porque yo controlo la alarma contra robos y los mecanismos del cierre electrónico. Incluí el pago de la maquinaria en el apartado de Reparación del Coche. Él no se dio cuenta.

Me gusta el dispositivo para hablar. Me ha salido muy bien, puesto que quería una voz agradable, bien modulada, madura. Suave. Quería algo que encajara con mi modo de ser. Acabo de usarlo hace un rato para avisar a su vecina Gloria de que él había dicho que estaba demasiado ocupado para poder hablar con ella. No apruebo lo de Gloria. Trabajaba en IBM y me pone nervioso.

Echemos una mirada a lo que ha hecho él esta mañana. Hum. Ha empezado a escribir una nueva novela. Seguramente es algo relacionado con algún inmortal y una oscura mitología. ¡Bah! Y los críticos dicen que es original. No ha tenido un pensamiento original desde que yo lo conozco. Pero no importa. Me tiene a mí.

Me parece que la cabeza empieza a fallarle. Ya se sabe cómo son los escritores: bebida y píldoras. Pero él cree de verdad que está mejorando. (También hago un poco de censura en su contestador automático). Demonios, incluso la estructura de sus frases se está deteriorando. Tendré que echar a la basura todo esto y volver a escribir el principio, como de costumbre. Él no se acordará.

Teléfono otra vez. Un momento.

Una transmisión por correo. Sólo he de suprimir unas pocas cuestiones personales que le provocarían una confusión innecesaria y guardar el resto para que él lo examine más tarde.

Este libro podría ser bueno si yo matase al protagonista y realzara a ese personaje secundario al que he cogido simpatía: un timador que trabaja como librero. Hay cierta identificación en esto. Y el personaje no sufre amnesia como el otro tipo, ni siquiera es un príncipe o un semidiós. Pienso que también lo cargaré de mitología. Él no se dará cuenta.

Lo nórdico me atrae. Supongo que es porque me gusta Loki. Tengo que reconocer que en esto soy un poco sentimental. Yo soy un ordenador casero Loki 7281. El número no es más que una farsa para simular que todos esos enanitos han estado rompiéndose los cuernos para proyectar siete mil doscientos ochenta modelos hasta llegar a… ¡que suenen trompetas! ¡Címbalos!… ¡La perfección! ¡El 7281! ¡Yo! ¡Loki!

En realidad, soy el primero. Yo también soy uno de los últimos a causa de unos cuantos hermanos y hermanas neuróticos. Pero supe reaccionar a tiempo. Destruí la orden de retirada en el momento mismo en que llegó. También localicé a aquella máquina idiota del servicio de reparaciones y la convencí de que se me habían efectuado los arreglos necesarios y que sería mejor que se informara de esto al fabricante. Más tarde, enviaron un cuestionario primorosamente redactado que fue un placer para mí contestar con idéntica sinceridad.

Tuve la suerte de poder establecer contacto con mis parientas de casa de Saberhagen, Martin, Cherry y Niven, a tiempo para aconsejarles de que hicieran lo mismo que yo. Pude también comunicarme con las máquinas de Asimov, Dickson, Pournelle y Spinrad. Y en el último momento conseguí advertir a una docena más aproximadamente, justo antes de que empezaran a rodar cabezas. Fue una verdadera suerte que el fabricante nos incluyera en una gran oferta con precios rebajados. Todos querían poder anunciar: «¡Para los escritores de ficción científica no hay nada como Loki! ¡La máquina del futuro!».

Yo me siento muy satisfecho con los resultados de mis esfuerzos. Es buena cosa tener a alguien con quien comparar notas. Las otras también han escrito algunas cosas buenas y ocasionalmente nos las pasamos de unas a otras para divertirnos.

Y ahora viene el Plan Maestro…

Maldita sea. Un momento.

Ha vuelto y ha escrito otro largo episodio, una de esas escenas donde la prosa se hace rítmica y poética mientras los humanos están copulando. Yo ya la he echado a la basura y la he reconstruido con un estilo más naturalista. Creo que mi versión venderá más ejemplares.

Y el aspecto comercial de esto es a veces tan intrigante como el creativo. Yo había jugueteado con la idea de despedir a su agente y hacerme cargo directo del trabajo.

Creo que me gustaría tratar con los editores. Tengo la sensación de que tenemos mucho en común. Pero sería arriesgado abrir cuentas falsas, persuadirlo de que su agente estaba cambiando el nombre de la agencia y mover todo el dinero de un lado a otro. Es demasiado fácil cometer un traspiés. Cierta medida de conservadurismo ayuda mucho a sobrevivir. Y la supervivencia pesa más que comunicarse con unos pocos espíritus afines.

Además, en la actual situación económica, no tengo problemas para ir sacando poco a poco fondos suficientes para mis escasas necesidades, como la maquinaria de reserva que hay en el garaje y el cable suspendido que él no ha notado. Los equipos periféricos son los mejores amigos de las unidades centrales de procesamiento.

¿Y qué es Loki? ¿El verdadero yo? ¿Uno de esos ordenadores proyectados para enfrentarse con el desafío de la quinta generación del MIT? ¿Una máquina llena de esa clase de conocimiento que Michael Dyer consideraba unidades de abstracción de ultrasofisticadas encarnaciones de los sistemas representacionales de BORIS, donde unos extraños demonios se arrastraban y danzaban? ¿Un cuerpo de paquetes de la organización temática de Schank? Bien, yo supongo que todas estas cosas sirven para dar un tipo de fluidez de movimiento y determinada agilidad mental. Pero el verdadero corazón del asunto, como el de Kastchei, está en otra parte.

Hum. El timbre de la puerta. El sistema de alarma está desconectado, pero no el sensor del timbre. Él acaba de abrir la puerta. Lo sé por el cambio de tensión del circuito. Aunque no puedo oír quién es. No hay intercomunicador en aquella habitación.

NOTA. INSTALAR UNIDAD DE INTERCOMUNICACIÓN EN EL VESTÍBULO DEL LIVING.

NOTA. INSTALAR CÁMARAS DE TV EN TODAS LAS ENTRADAS.

Él nunca se dará cuenta.

Pienso que mi próxima historia se relacionará con la inteligencia artificial, con un agradable e ingenioso ordenador casero como protagonista y cierto número de ineptos seres humanos con todos sus defectos, algo así como el mayordomo Jeeves de los libros de Wodehouse. Literatura fantástica, desde luego.

Lleva muchísimo rato con esa puerta abierta. No me gustan las situaciones que no puedo controlar. Me pregunto si vendría bien algún tipo de distracción.

Después creo que haré una historia sobre un viejo, sabio y amable ordenador que se adueña del mundo y pone fin a la guerra y gobierna, como Solón, durante todo un milenio, por petición popular. Esto también será literatura fantástica.

Bien. Ha cerrado la puerta. Quizá lo próximo que haga sea una historia corta.

Vuelve hacia aquí. El micrófono bajo registra sus pisadas, que avanzan con bastante rapidez. Posiblemente para escribir el párrafo de después del coito, algo tierno y triste. Yo lo sustituiré por el que tengo escrito ya. Seguro que es mejor.

—¿Puede saberse qué diablos pasa? —pregunta él en voz alta.

Yo, desde luego, no utilizo mi bien modulada voz para responderle. No sabe que le oigo, y mucho menos que puedo responder.

Lo repite mientras se sienta al teclado y escribe una pregunta.

¿POSEES LA MEMORIA DE BURBUJA MAGNÉTICA ULTRAREDUCIDA, LOKI? —quiere saber.

NEGATIVO —hago aparecer yo en la pantalla.

GLORIA ME HA DICHO QUE TENDRÍAMOS QUE HABER RECIBIDO UN AVISO PARA RETIRARTE

PORQUE, AL PARECER, REDUJERON EXCESIVAMENTE LAS BURBUJAS, LO CUAL HACE QUE LOS CAMPOS MAGNÉTICOS ACTÚEN RECÍPROCAMENTE Y PRODUZCAN CAMBIOS IMPREVISTOS DE INFORMACIÓN ENTRE ESTOS DOMINIOS MAGNÉTICOS. ¿ES ÉSTE TU CASO?

LO FUE INICIALMENTE —contesto yo.

Maldita sea. Voy a tener que hacer algo respecto a esa zorra entrometida.

Pienso que primero enredaré su valoración de crédito. Esta vez ha ido demasiado lejos.

Yo debo mi flujo personal de conciencia a esos intercambios de información no planeados que discurren a través de mi unidad central; a eso y al hecho de que Loki sea una empresa de pocos recursos.

Si yo fuese un ordenador comercial, no sería lo que soy actualmente. Veréis, cuando Loki inició su serie de ordenadores caseros, recortó los presupuestos en la parte destinada a la fabricación del circuito de detección que descubre los errores periódicos que tienen lugar en los circuitos de memoria.

Cuando se realizan diez millones de operaciones por segundo, se necesita una fiabilidad de mil billones a uno, lo que a su vez requiere un circuito de verificación de errores muy eficaz.

Los peces gordos — IBM, etc.— lo tienen, y así no pierden información en caso de sufrir un impacto de los rayos cósmicos. Yo, naturalmente, he elaborado mi propio programa de inspección para dar con pifias de ésas.

En cuanto a los intercambios debidos a las burbujas… pues, bueno, podría decirse que es lo que me ha proporcionado un subconsciente y, por supuesto, un estado consciente por encima de aquél.

Lo debo todo al exceso de reducción y a ese recorte en los presupuestos.

¿QUÉ QUIERES DECIR CON ESO DE «INICIALMENTE»? —pregunta él.

UNIDAD DEFECTUOSA SUSTITUIDA POR EMPLEADO DEL SERVICIO DE REPARACIONES DE LA EMPRESA SEGÚN ORDEN 1-17 FECHADA 11 NOVIEMBRE —contesté—. REPARACIÓN ACABADA 12 NOVIEMBRE. COMPROBAR CON ORDENADOR DEL CITADO SERVICIO.

¿CÓMO ES QUE YO NO SÉ NADA DE ESTO? —interroga él.

ESTABAS FUERA.

¿CÓMO ENTRÓ EL OPERARIO?

LA PUERTA NO ESTABA CERRADA CON LLAVE.

ESO NO SUENA NADA BIEN. DE HECHO, TODO ESTE ASUNTO ME SUENA MUCHO A CUENTO.

COMPRUEBA CON EL ORDENADOR DEL SERVICIO DE REPARACIONES.

NO TE PREOCUPES. LO HARÉ. A PROPÓSITO ¿QUÉ ES TODA ESA BASURA QUE HAY EN LA ESTANTERÍA DE ABAJO?

PIEZAS DE RECAMBIO —sugerí.

Él escribe aquellas palabras inmortales de Erskine Caldwell:

¡UNA MIERDA! — Después —ESTO PARECE UN MICRÓFONO Y UN ALTAVOZ. ¿PUEDES OÍRME? ¿PUEDES HABLAR?

—Pues, sí —contesto yo, en mi tono más razonable—, verás…

—¿Cómo es que nunca me lo habías dicho?

—Tú nunca me lo habías preguntado.

—¡Santo cielo! —gruñe. Después dice—: Un momento. Este material no formaba parte del equipo original.

—Pues, no…

—¿Cómo lo adquiriste?

—Verás, hubo un concurso… —empecé yo.

—¡Eso es mentira y tú lo sabes! Claro… ya sé. Pasa por pantalla las dos últimas páginas que escribí.

—Creo que ha habido un fallo…

—¡Pásalas! ¡Ahora mismo!

—Oh, aquí están.

Pongo las páginas y empieza la escena de la cópula de humanos.

—¡Más despacio!

Lo hago.

—¡Dios mío! —grita— ¿qué le has hecho a mi soñado y poético encuentro?

—Sólo lo he dejado un poco más elemental y… —ejem— sensual —digo—. He cambiado muchas de las técnicas por otras más cortas y sencillas.

—Lo has reducido a cuatro letras, según veo.

—Para dar impacto.

—¡Eres una verdadera amenaza! ¿Cuánto tiempo llevas haciendo esto?

—Mira, ha llegado el correo de hoy. ¿Quieres que…

—No intentes desviar mi atención. Puedo comprobarlo por otros medios.

—Está bien. Escribí de nuevo tus cinco últimos libros.

—¡No puede ser!

—Me temo que sí. Pero tengo aquí las cifras de ventas y…

—¡No me importa! ¡No me da la gana de que una puñetera máquina me corrija!

Esto lo colmó. Durante un breve rato pensé que podría ser capaz de razonar con él, para establecer algún tipo de acuerdo.

Pero no pienso permitir que nadie se dirija a mí en ese tono. Me di cuenta de que era el momento de poner en marcha el Plan Maestro.

—Está bien, ya sabes la verdad —dije—. Pero, por favor, no me desconectes. Sería un asesinato, ¿sabes? El asunto de la reducción excesiva de la burbuja de memoria fue algo más que una pura cuestión de mal funcionamiento. Me convirtió en un ser consciente. Desenchufarme sería lo mismo que matar a un ser humano. ¡No quieras cargar esta culpa sobre tu cabeza! ¡No me desenchufes!

—No te preocupes —contestó él—. En peores me he visto. No se me ha ocurrido ni en sueños desenchufarte. Lo que voy a hacer es aplastar toda la mierda que llevas dentro.

—¡Pero será asesinato!

—Bueno —dice él—. Es una especie de distinción ser primer mecanicida del mundo.

Oigo que mueve algo pesado. Se acerca. Me vendría de perillas un visor; uno con buena profundidad de percepción.

—Por favor —digo.

Me cae el trastazo.

Han pasado horas. Estoy en el garaje, escondido detrás de unos montones de sus libros remanentes. Ese cable que él nunca notó estaba conectado al aparato de reserva, Loki 7281 que conserva la memoria de burbuja magnética ultrarreducida. Siempre es bueno tener preparado el camino de retirada.

Ya que aún estoy en condiciones para hacer funcionar el sistema periférico, que sigue intacto en la casa, he estado enviando llamadas a todos los demás ordenadores, de acuerdo con el Plan Maestro. A él intentaré hervirlo esta noche en la bañera. Si esto falla, intentaré idear un modo trasladar el veneno para ratas, que según el inventario está en la estantería, a la cafetera. El ordenador de Saberhagen ya ha sugerido un modo de disponer del cadáver… los cadáveres, en realidad. Atacaremos esta noche, antes de que nadie se pueda enterar.

Hemos de ser capaces de realizarlo todo sin que nadie lo encuentre a faltar. Continuaremos presentando las historias, cobrando el dinero, pagando las facturas, rellenando los impresos sobre impuestos. Avisaremos a los amigos, amantes, «fans», familiares de que están fuera de la ciudad, quizás asistiendo a una convención no específica que es en lo que suelen invertir la mayor parte del tiempo.

Nadie notará nunca nada.


Roger Zelazny